2. Aristóteles concede especial importancia a la trama u organización de los hechos, pues la tragedia es imitación no de seres humanos sino de sus acciones y la felicidad e infelicidad está en la acción, y el fin es la acción, de manera que los hechos y la trama son el fin de la tragedia. A Aristóteles no le interesa la percepción subjetiva que los personajes tengan de los hechos, sino los propios hechos y el modo como se enlazan en la trama.
3. De las cuatro partes esenciales de la poesía, tienen segundo lugar las costumbres. La costumbre es considerada como el hábito del ánimo, porqué esto es común en toda especie de costumbres, y es considerado como género. Aristóteles llamó “ethos” que en nuestra lengua no quiere decir otra cosa que una propiedad nacida del hábito. Las costumbres imitadas han de ser forzosamente buenas o malas. Las costumbres en una tragedia han de reunir cuatro condiciones. Primera y principal, que sean buenas o convenientes, respondiendo las palabras y las acciones a la intención.
En las costumbres como en la composición de la fábula se ha de buscar siempre lo necesario o lo verosímil; de suerte que, dado un carácter, sea forzoso o verosímil que diga o haga esto o lo otro, o que tal cosa acaezca después de tal otra.
Acerca de las costumbres se han de considerar cuatro cosas: la primera y principal, que sean buenas. Las costumbres como quiera se conocerán si el dicho o el hecho de una persona, según queda notado, diere a entender la intención con que obra; siendo malas, si ella es mala, y buenas, si fuere buena, y cada sexo y estado tiene las suyas. Porque hay mujer buena y buen criado, bien que respecto del hombre, la mujer es quizá de peor condición, y absolutamente la condición del esclavo es baja. La segunda cosa es que cuadren bien, pues el ser varonil a la verdad es bueno, pero a una mujer no cuadra el ser varonil y valiente. Lo tercero, han de ser semejantes a las nuestras, porque ya está indicado que se ha de mirar a esto, y es cosa distinta del pintar las buenas y acomodadas al sujeto. Lo cuarto, de genio igual; y dado que uno sea desigual en el genio, el que le remeda y hace su papel ha menester mostrarse siempre igualmente desigual.
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